Lo que no han podido los terremotos y los incendios lo han logrado los alcaldes de estos últimos años

Abr 13, 2021 | Columna

Atrás quedó la dulce decadencia de los años 60, pero los sueños de la gente por superar la pobreza y el estancamiento de la ciudad y, a la vez revertir ese estado más cercano a la melancolía y al conformismo, transitaron  hacia otro ámbito que fue dejando atrás el cariño por la ciudad, la cultura y las tradiciones. Ahora lo material venía a reemplazar otros valores y la indiferencia, la vulgaridad y el naciente mercado de la droga comenzaron a posicionarse junto al marcado crecimiento de la delincuencia.
Recuerdo el primer grupo que integramos «Ciudadanos por Valparaíso» al inicio de los 90 y se vino la batalla por salvar el edificio Guevara (conocido como «Cousiño») y que ocupa DUOC U.C., en la actualidad.
Tengo memoria de todas las formas de oposición a la defensa de este edificio que utilizó el Alcalde de turno. Si hasta tuvimos un «curioso» incendio provocado por vagabundos (???).
Había comenzado un proceso diferente. Ya no interesaba la ciudad, ni su historia, ni su patrimonio, ni la gente. Ahora era más importante el poder político y la política se empobrecía, porque era, en este nuevo escenario, una rica agencia de empleos tremendamente bien pagada, así, los candidatos tanto al Parlamento como a las municipalidades ya no eran gente preparada, ni hijos de la región, ni con liderazgo para aunar los intereses de la gente tras la idea de mejorar la vida de todos; mejorar la ciudad; valorar su patrimonio; mejorar la educación local; capacitar a sectores juveniles, no, nada de eso porque había llegado el turno de los payasos, de las faranduleras, los malabaristas y de la politiquería de los resentidos que nunca supieron de un pasado relativamente reciente; de jóvenes aventureros y ambiciosos, ajenos a la ciudad, rodeados de algún movimiento juvenil predicando doctrinas añejas, parasitarias y más cercanas a un populismo fascistoide.
Las municipalidades se fueron transformando así en la vitrina para alcanzar una jugosa dieta parlamentaria (algo así como una Lotería). Aquí da lo mismo ser de una derecha inculta, indiferente, sin propuestas o de una izquierda que continúa con su victimización en torno a la estadística del horror donde seguirá capitalizando esa actitud de patetismo político de carácter patológico, pero que da votos.
La carencia de líderes y de ideas en torno a proyectos comunes, desnudan la lucha política como un posicionamiento barato por el poder.
Valparaíso, en particular, ha llegado a un punto donde la más nefasta y desintegradora dirección municipal en más de un siglo, la tiene en estado de postración. Su vocería populachera, pobre y panfletaria ha superado todos los niveles de incapacidad de los últimos tres alcaldes anteriores, incluyendo el actual.
El grado de suciedad, rayados, grafiteado, el animar la agresión al comercio (incendio de farmacias, del edificio de la tienda Tricot, el edificio Texier (anterior al terremoto de 1906) y otros locales comerciales; daños a los monumentos y la total despreocupación por los escasos edificios patrimoniales; desatención del turismo local habiendo desaprovechado las atractivas condiciones de la ciudad, hoy difíciles de recuperar por las acciones vandálicas y la desprotección ignorante.
Lo que no partió con el Alcalde Pinto: «que la comunidad misma es donde reside la verdadera fuerza capaz de mantener vivo su patrimonio», continuó hasta hoy como el sello de la desidia que marca a las últimas administraciones municipales y que culmina con la actual en el desastre material, cultural y anímico.
Para terminar cito a la arquitecta argentina, Marina Waisman: «La presencia del patrimonio, como evocación y afirmación de una memoria colectiva, como nexo entre individuos que comparten una historia común, puede resultar un instrumento útil para restablecer, al menos en parte, el equilibrio entre totalidad abstracta e individualismo patológico».
Finalmente lo que no entiende esta «Alcaldía Ciudadana» es que la condición patrimonial reside principalmente en la relación entre el elemento patrimonial y su entorno, entre lo viejo y lo nuevo, puesto que en este conjunto emergen nuevos significados que son aquellos que en adelante se percibirán como valores históricos o elementos de identidad urbana.
Samuel E. León Cáceres.