MUJER Y CULTURA

Mar 17, 2021 | Columna

Un planeta, un país, una comunidad que privilegia la energía y los valores masculinos, omitiendo, sesgando y castigando lo femenino y sus valores, es una Cultura coja, desequilibrada, en la cual lo discriminado o subvalorado tiende a hacerse cómplice pasivo de ese desequilibrio para sobrevivir, siendo que en lo profundo y en lo social, este tipo de Cultura, daña a los portadores de ambas energías, en formas distintas.

Cuando entendemos que hacemos parte de la CULTURA Occidental, valorándola como el conjunto de costumbres, idioma o lengua, ideas, leyes, arte y formas de vida que se comparten en un espacio territorial y/o mental sobre las que hay un acuerdo tácito o explicito, hablamos que hemos hecho nuestra, una Cultura polarizada, donde la competencia, el afán de superioridad y el dominio sobre todo lo vivo, la verticalidad de las relaciones en todos los ámbitos, nos genera enfrentamientos constantes,
con su gran carga de injusticia e inequidad.

La gran tarea de equilibrar estas energías femeninas y masculinas irán desatando los nudos en que estamos dispersos y a la vez enredados, sobre los que se cimientan gran parte de la injusticia social y política pasada y actual. Esta labor, que debe ser de toda persona, tanto en lo íntimo como en lo social, nos permitirá ir transformando nuestra Cultura.

En el ámbito local: ¿Qué sostenemos cuando hablamos de Cultura Porteña y de nuestra identidad? Hablamos de esto mismo que es global, pero también hablamos de las particularidades de lo más nuestro, hablamos de nuestro acervo genético indígena y europeo, de ser mestizas y mestizos con costumbres asociadas al hecho de vivir frente al océano, con sus actuales puertos y caletas y todas las tradiciones que de aquí emanan, morando en viviendas que también surgen de este proceso de mestizaje sobre todo en lo plano y en sus lomas cercanas, mientras que en las alturas se sigue edificando a pulso; nos remite a la música que nos gusta, a la cueca brava y porteña, al bolero, al tango, al vals, a la cumbia y a ritmos surgidos de la gran mezcla de lo indígena, europeo y africano; hablamos de literatura, expresiones plásticas, danzas, escultura, nacidas en esta calles, escalas y recovecos, hablamos de una Gran Mixtura, donde su abanico de riquezas, esencialmente está dado por el sentir y hacer de este pueblo porteño. Podemos visualizar ropa colgada en ventanas, balcones y patios, podemos recordar en múltiples colores nuestra gran Fiesta de San Pedro, Años Nuevos con la bahía reventando en fuegos artificiales, nuestros jóvenes haciendo malabares en esquinas y plazas, bandas de músicos y cantantes en micros y calles; nuestros locales nocturnos, hoy cerrados o quebrados, en las que aprendimos a descubrir gran parte de nuestro ser social y gozador, podemos ver pescadores, tejedoras de redes y botes, personas que todavía se movilizan en caballos y burros por la ciudad, podemos ver volantines izados por niños de “todas las edades”, podemos oler la sal de este mar casi siempre agitado.

Sumergirse en esta ciudad y su Cultura, resentir lo que ha pasado y nos ha pasado, sentir la multifacética realidad actual, como mujer puedo decir y gritar que nosotras, como tantas mujeres del continente y del planeta, hemos ido ganando espacios educativos, profesionales, laborales, artísticos y políticos con enorme esfuerzo, en una lucha que ha sido privada y también social, donde el entorno, esencialmente masculino, ha puesto trabas en nuestro desarrollo y evolución, trabas, que cuando no son esencialmente violentas en su forma, si lo han sido en su fondo, con sus formas soterradas de descalificación y discriminación.

Lo maravilloso que está ocurriendo con nosotras, es que cada vez más mayoritariamente, ya no somos cómplices de nuestra propia desgracia, sino que en un lento despertar vamos irguiéndonos, izándonos hasta alcanzar las plenitud de lo que somos, para así, equilibrar esta Cultura, donde la relación entre hombres y mujeres sea verdaderamente de compañeros en igualdad de derechos y respetuosos en lo que nos diferencia. Es esta diversidad, en vías de complementarse, la verdadera riqueza a descubrir y desarrollar juntos para nuestra mutua evolución que es y será la base del profundo cambio, social y político, que incitamos ahora desde esta ciudad las mujeres. Construir Futuro con Justicia y Equidad, será con Nosotras.

“Somos sonoras y sororas, nadie nos acallara porque somos millones despiertas y por despertar, con una estrella en la frente honraremos la libertad y en el nombre de todas a enmujerar la política” Estrofa de Canción de mi autoría VALPARAIZADAS que es un eje de nuestra campaña para concejalas desde el MVC.

SOLEDAD ESCRICH CASTILLO