Valparaíso Abierto 1 – CicloValpo

Mar 29, 2021 | Columna

El turismo es una de las principales características de la ciudad. Tanto desde el interior, como también desde el exterior del país, las personas visitan aquellos rincones y espacios pintorescos que se ofrecen en cada cerro del amado puerto.

En base a lo anterior, se podría concluir que la llamada Joya del Pacífico no tiene fronteras y parece ser abierta en todo aspecto que una persona se puede imaginar… Pero aquí es dónde comienzan los problemas.

En el primer caso, se debe considerar que una ciudad abierta a la movilidad permite a sus habitantes desplazarse en la forma que desee, sin embargo, si se revisa con atención, se puede notar que para caminar, hay distintos lugares altamente concurridos donde existen limitaciones como rejas u otros implementos que impiden la libre caminata. Con esta barrera y teniendo el requerimiento de trasladarse, en poco tiempo, entre dos puntos distantes de la hermosa ciudad, surge la locomoción colectiva como opción: micro, colectivos y taxi. Aquí surge una característica clásica, pero no por eso positiva, de nuestra zona: una locomoción colectiva en que los operadores muestran nulo respeto a los pasajeros y sus vidas, además del poco respeto por quienes se encuentran al exterior de sus vehículos, por lo cual, convivir con la locomoción colectiva como pasajero o como externo se transforma en un momento poco agradable.

Hasta este punto, es probable que tú, que lees esto, hayas recordado algunos malos momentos caminando o en la locomoción colectiva. Así que es necesario encontrar más opciones de movilidad dentro de la comuna: vehículo particular. Sí, es una de las formas de transportarse, aunque en una ciudad con estacionamientos colapsados (aún sin turistas, como se ha visto durante la pandemia), vías repletas y con poco respeto vial, además de largos tiempos de traslado (contrario a lo que vende la publicidad automotriz), no se ve muy apetecible.

Entonces queda la opción más controversial, o eso parece: el uso de ciclos. Aquí se requiere partir con la premisa de que la geografía porteña no es un impedimento para desplazarse por la ciudad en patines, skate o bicicleta. La experiencia indica que luego de algunos días de adaptación, el recorrido se hace completamente abordable. Así, los usuarios de ciclos pueden notar una reducción en el tiempo de viaje (ahorrándose el típico taco de la ciudad), mejorar la calidad de vida y disfrutar el desplazamiento… Hasta que se cae en la cuenta de que no existen espacios cicloinclusivos, el conflicto con la locomoción colectiva puede terminar con la vida propia y la autoridad de turno sigue creyendo que es imposible usar ciclos en los cerros, ¡aún notando el gran alza de ciclistas y rollers desde el estallido social y durante la pandemia!

Una ciudad que no permite la movilidad, es una ciudad cerrada para sus habitantes. Y tanto desde las políticas públicas comunales y nacionales es posible tratar la temática. Sin embargo, la forma en que se pueda extender y garantizar a un país que poco a poco prefiere la movilidad sostenible es estableciendo el Derecho a la Ciudad y al Territorio, donde hay mención a la accesibilidad, el transporte y la democracia; temas que deben formar parte de una Constitución que será redactada este año desde las personas que habitamos el país, desde las múltiples experiencias del vivir y habitar.

Francisco Javier Vergara Vallejos

Candidato a Convencional Constituyente en el Distrito 7

Miembro directivo de Andes Chile ONG y Emprendedor Tecnológico en Liberti